Opinión


Una mirada foránea al tráfico de Bogotá

29 de November de 2016 , a las 13:03


Bogotá “celebra” el día sin coches (carros o autos, como dicen aquí). En esta urbe de ocho millones de habitantes, según cifras oficiales, circulan cerca de 700.000 coches privados. A estos hay que sumarles los cientos de buses de todo tipo, color o condición; las furgonetas y camiones de reparto; la inmensa flota de taxis amarillos, blancos y "piratas"; la maraña interminable de motos, los heroico-suicidas ejércitos de bicicletas y el interminable desfile de miles de artefactos, cachivaches e ingeniosos inventos que pueblan el asfalto para trasladar mercancía, destinada a la más diversa e inimaginable venta ambulante.

Aunque parezca imposible, en Bogotá no hay metro ni trenes de cercanías. Esta "carencia" es sustituida desde que fuera inaugurado en diciembre de 2.000 por el TransMilenio, Este servicio consiste en unos autobuses, con aspecto de tranvía, con varios vagones, que tienen su carril preferente o exclusivo y recorren las principales arterias de la capital colombiana "a todo gas".

Los que hayan vivido en Madrid y "sufrido" una huelga de Metro, con servicios mínimos a primera hora de la mañana, pueden multiplicar por cinco el número de viajeros y hacerse una leve idea del "ambientazo" que hay en el interior de este transporte municipal, pero "acá", a diario. De todas formas, es la única manera práctica de llegar a cualquier sitio, aunque sudado y magullado.

Así que en el referido "Día sin coches", solo circulan buses, taxis y bicicletas. La ciudad parece otra, aunque en ciertos puntos se forman atascos de taxis. Hasta parece que se respira mejor. Lo curioso es que los bogotanos no se "alzan en rebelión" y cumplen con el mandato municipal de no sacar el auto.

Este "Día sin coches" se podría llamar también el "Día del peatón". Porque en Bogotá ser "caminante" es todo un suplicio. Eso sí, ahorras en gimnasios y "trainers", ya que no paras de andar y correr, sorteando vehículos que, literalmente, arremeten contra los "andarines".

Queda claro que pasear es saludable y puede resultar útil en esta ciudad, ya que la mayor parte de las veces llegas antes andando que en medio de transporte. Aquí los atascos ("trancones") diarios son increíbles y es el "gran problema". Solo eres consciente de sus dimensiones terribles si vives aquí.

Lo de "saludable" puede quedar en entredicho, ya que la polución es elevadísima (muchos ciudadanos llevan puesta mascarilla como prevención) y te juegas la vida. Es decir, los semáforos para peatones son más escasos que los días de bochorno en Bogotá. Además, los "carros" los ignoran olímpicamente y siempre tienen "prioridad". No se te ocurra protestar, que puedes salir "escaldada”. Así que, te armas de paciencia y cruzas en plan "suicida" a una velocidad que me río yo de Usain Bolt. Esquivas coches, motos, buses, bicicletas, carromatos...y luego apuntas a tu hijo en España a cursos de seguridad vial, en fin.